2/25/2010

6 años!

A Luis Álvarez Miranda, recuerdo para el último de los chinchorros del siglo XX,

Luis Briones Morales*


Así tituló el diario local la noticia del fallecimiento de nuestro colega y amigo Luis Álvarez Miranda, al que recuerdo sobremanera, quizás porque humanamente se acercaba con mayor naturalidad a mi entorno también natural. Nuestra conexión era transparente, afectiva, sincera, casi como si nos hubiésemos conocido desde siempre. Recuerdo aquel momento cuando jóvenes, por los años 54, nos encontrábamos excavando un cementerio inca, junto a Lautaro Núñez, en el oasis de Pica. A eso de las 4 de la tarde en pleno verano, llegó una camioneta blanca con tres menos jóvenes que nosotros preguntando por Lautaro. Eran los amigos de Arica, que para deleite traían, entre sus artificios de terreno, unas cervezas en tarro que yo veía por primera vez... y semicongeladas. Eran las ventajas del puerto libre de ese entonces. Larga fue la conversación conociendo a Percy, Sergio, Luis y el inconfundible Fujito. Esos momentos, breves en el tiempo, están grabados como si hubiese ocurrido ayer y recordando, además, que acababa de cumplir mis primeros quince años de edad. Al cumplir los terceros quince años siguientes, la relación con Luis y los demás fue muy diferente y juntos comenzamos a recorrer otro sendero, esta vez en la Universidad de Chile, Sede Arica, junto a Erie Vásquez, Fujito, a quien Lucho cobijó junto a su familia hasta su muerte. Nuestras reuniones eran en la "vicaría", como le llamábamos al rincón que la Universidad les entregó para usar como "laboratorio de arqueología" y se ubicaba entre artesanos y artistas del Departamento de Artes de esa época. Así, entre ceramistas, canteros, dibujantes, escultores, metaleros, historiadores y teóricos del arte, se iniciaba otra aventura por conocer el legado de nuestros antepasados, esta vez con el complemento y sustento que aporta el mundo del arte. Luis Álvarez lo entendió así, siendo motivo de muchas conversaciones y decisiones que se materializaron en los procesos de valoración, restauración y difusión de los geoglifos de Lluta, Azapa y el Tambo de Copaquilla primero y los geoglifos de Chiza, Unita, Ex Aura y Cerros Pintados después. En esos trotes nos sorprendió la creación de nuestra actual Universidad de Tarapacá. Cuántas jornadas de trabajo en terreno, junto a estudiantes de Arte e Historia y Geografía, conocieron el entusiasmo y la sapiencia del maestro encarnado en el típico hombre del desierto, en el cazador y recolector costero, transportado en el tiempo moderno. La picardía y aguda ironía que muchas veces intercalaba en sus observaciones y conversaciones imprimían más de algún escozor o rubor al que no lo conocía. Era en toda su dimensión, el patriarca, el cacique costero que desde su cátedra universitaria impartía sabiduría universal, en torno a los amigos o colegas, compartiendo un filete de pescado frito en alguna playa ariqueña, participando de su experiencia, de su particular visión de todo lo que se movía en su entorno. Era su forma de ser. Mis últimas conversaciones con el "Negro", como terminé llamándole cariñosamente, fueron sobre los pájaros del estuario del río Lluta. Me arrepiento de no haber llevado una grabadora para capturar esas lecciones que daba con la mayor naturalidad y convicción. Aunque lo pensé, sabía que no le iba a gustar o, por lo menos, le iba a incomodar. Era como escuchar a los mismos pájaros hablando a través de él. Era escuchar a Salvador Gaviota contando lo que sucedía con todas las especies que proliferan la laguna y la desembocadura del río. Si cambiábamos de escenario y nos trasladábamos al ámbito de los roqueríos, los caletones e islotes de más al sur, Lucho daba lecciones del conocimiento que tenía de ese ambiente, de cómo vivir y sobrevivir hasta en las más extremas situaciones, reconociendo hasta en sus más mínimas características la diversidad de la fauna marina y submarina que se hallaba en el sector. Eran clases magistrales en "vivo y en directo" que no se escuchan en universidad alguna, o no se aprenden con postgrado alguno. Era la vida misma de un "chango" o "chinchorro" moderno, quien hizo lo mismo miles de años atrás. Sus lecciones y recuerdos afloran como dilatando su presencia y motivación para seguir los que seguimos vivos, en donde más temprano que tarde seguiremos por los viejos senderos, algunos, quizás, ya recorridos juntos.

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-73562004000100002&script=sci_arttext

dos cosas en la vida, vivirla y dejar huellas...., gracias.